SER MUJER EN 2021
La nueva oleada de movimientos feministas sacude al mundo entero. La última década transcurrida fue marcada por hechos significativos por parte de las mujeres en búsqueda de una igualdad de género.
En Latinoamérica, el movimiento Feminista irrumpió de manera transformadora, logrando que las demandas de este colectivo sean escuchadas, e imponiéndolas en la agenda política y publica. La región logró una impensable conquista de derechos de las mujeres en múltiples países, con Argentina como líder del camino.
El paradigma demuestra un notable cambio en 2018, con la aprobación de la Ley Brisa en julio de ese mismo año. La Ley se encargó de brindar cobertura económica a todos aquellos hijos que perdieron a uno de sus progenitores a causa de la violencia de género. Para diciembre, entraría en vigencia la Ley Micaela. Esta normativa se encarga de capacitar en temática de género y violencia contra la mujer a todas aquellas personas que trabajan en el sector público.
El año no culminaría todavía. El Congreso sesionará, con media sanción en la Cámara de Diputados y posterior rechazo en la Cámara alta, el Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Sin embargo, claro estaba que la marea del feminismo llegó para quedarse. El proyecto de ley sería aprobado en sesiones remotas para fines del 2020. Así, se logró conquistar un derecho donde las personas gestantes tuvieran la opción de decidir abortar con un Estado presente, bajo una legalidad, y con garantía de condiciones sanitarias seguras.
Argentina avanzó mucho en materia legislativa para la protección de las mujeres y la comunidad LGBTIQ+. El país tiene una línea gratuita de atención, asesoramiento y contención en situaciones de violencia de género, las 24 horas de los 365 días del año, por teléfono (144), WhatsApp (1127716463), correo electrónico (linea144@mingeneros.gob.ar) o app. Sin embargo, a 6 años del “#NiUnaMenos”, los asesinatos no parecen disminuir. La violencia de género continúa a pesar de todos los esfuerzos realizados, y continúa siendo un problema que está lejos de resolverse. A casi un año del inicio de la cuarentena, se registraron 279 femicidios y 8 transfemicidios en el país. Según un informe de la organización MuMala, el 29% de las víctimas había denunciado al agresor, un 19% tenía orden de restricción de contacto o perimetral, y un 4% en poder de un botón de pánico.
Comenzamos un nuevo año, un 2021 con un derecho conquistado más. Sin embargo, el camino que queda por recorrer sigue siendo largo, aunque el horizonte se encuentre cada vez más cerca. Todos los días es primera plana un nuevo femicidio; todos los días se busca con desesperación una mujer que fue secuestrada; todos los días entendemos que a pesar de todos los esfuerzos que el colectivo feminista reúne, los femicidios y la desigualdad de género son una pandemia más que nos azota desde el principio de los tiempos.
Con la legalización del aborto aprendimos que toda lucha da sus frutos, y que la recompensa es grande; es por ello que nunca dejaremos de luchar, no hasta que la sociedad comprenda lo mucho que las mujeres esperamos este momento, nuestro momento. El aborto legal renueva las fuerzas de este colectivo, abre puertas y caminos antes ocultos, y constituye la piedra más firme de los cimientos de este movimiento milenario. Es menester entender que no todo empieza y termina en el aborto, que todavía hay debates que deben darse, derechos que deben conquistarse, y desigualdades y prejuicios que debemos abolir. El movimiento feminista convoca a la reflexión constante, donde el cuestionamiento de todo y todos debe enarbolarse cual bandera. Llegar hasta donde llegamos costó tiempo, esfuerzo, debates, aprendizaje, y, por supuesto, mucha militancia. Sostenemos que el aborto no es resultado final de años de incansable trabajo político, sino una meta cumplida que da pauta a seguir trabajando por ese futuro que nuestra sociedad merece.
Así como Julieta Lanteri dijo en su momento: “los derechos no se mendigan, se conquistan”, planeamos seguir honrando esas palabras hasta el cansancio. La vivencia individual es parte del feminismo, pero también lo es su lucha colectiva.